Luna Nueva: Reclamando el Fuego de la Cocina y Amar la Tierra que nos Sustenta Ahora

Mama Marcela en su Milpa.

Vengo de un linaje de sanadores. Mujeres y hombres que atendieron el fuego de su cocina a diario. Mis antepasados no solo me enseñaron cómo cuidar del Ser, sino que también me enseñaron la importancia de compartir la responsabilidad de cuidarnos unas a otras como familia y hacia nuestra comunidad. Aprendí esto a través de la contemplación. Mis maestras, mama Marcela y mamita Virginia me enseñaron con acciones. Expresaron su amor incondicional a través del proceso de preparar la tierra para la siembra de nuestras milpas, frijolares y hortalizas. Encarnaron el amor a través del fuego de la cocina, al cocinar con tanta alegría, poder y creatividad. Incluso cuando la escasez de alimentos era nuestra realidad, noté que mama y mamita seguían encontrando formas de apapachar nuestros estómagos y espíritus.

Este año, mi maestra Raeanne Madison, que es cuidadora de partos y educadora descolonizadora, me enseñó en su curso Postpartum Healing Lodge, más sobre la importancia de nuestros linajes para atender el fuego de la cocina. En sus tradiciones Ojibwe y Mexica, es sagrado cocinar cada comida para la persona que da a luz y la familia durante el proceso de posparto con mucha compasión, amor y respeto como rituales sagrados. La comida es una medicina sanadora. El proceso de preparar comida casera también es un ritual poderoso que aprendí a temprana edad mientras me criaba en Chalatenango, El Salvador. Agradezco seguir recuperando estas tradiciones.

Desde el momento que salí de mi pueblo, sentí una desconexión con los alimentos procesados ​​que consumí en todos los lugares en los que he vivido. Este año, mi Espíritu intuitivo ha estado a nivel celular anhelando poder atender más profundamente el fuego de mi cocina.

Mi hermana Ruth, una de mis maestras, tiene mucha más experiencia atendiendo el fuego de su cocina, ya que ha estado fuera del hogar-Chalatenango más tiempo y ha arraigado abundantemente a su familia en el hogar-presente que están sustentando. Hace unas semanas, durante nuestra conversación (que duró dos horas), me recordó cómo su familia reclama el fuego de la cocina en la privacidad de su hogar. Ruth es una persona poderosa quien heredó la creatividad culinaria de nuestras mamás. En nuestros viajes de navegar fronteras debido a los sistemas heredados de colonización, nuestro poder interior permanece arraigado en el amor incondicional.

Mi hermana recuerda el proceso de cultivar nuestra comida, recoger las verduras de nuestra hortaliza, preparar el fuego con leña y oler el humo que sale de las semillas de marañón. Por ejemplo, ella recuerda que primero hacíamos una fogata en nuestro patio, luego tostábamos las semillas en una sartén vieja que teníamos. Íbamos recolectando las semillas cada vez que comíamos los marañones. Una vez que teníamos suficientes semillas, la cipotada del barrio nos reuníamos para compartir. Cada vez era un proceso divertido. Ruth incluso recuerda cuando nos quemábamos la lengua porque llevábamos las semillas directamente de la sartén a nuestra boca y lo emocionante que eran esos momentos. El ardiente fuego, las ardientes y poderosas sensaciones espirituales cuando la semilla de marañón tostada tocaba cada rincón de nuestra boca.

Un marañon maduro del jardín de mama Marcela.

Hoy en día, a medida que continuamos adaptándonos, estos procesos de re-conectar, ritualizar y priorizar momentos específicos de interconexión en familia son cruciales para descolonizar nuestro bienestar. Yo he nombrado este proceso “Acto Sagrado Ritualista de lo Mundano”. El 2 de noviembre, mi hermana y familia celebramos el día de las almas difuntas, un día muy sagrado; ya que en El Salvador es espiritualmente importante honrar el Espíritu y los recuerdos aquí en la Madre Tierra de nuestras antepasadas. Cuidar el fuego de la cocina es parte de esta celebración. Mayita, mi sobrina y maestra, compartió conmigo lo importante que es para ella recuperar estas tradiciones. El otro día, durante nuestra conversación de atención plena, me dijo que la comida la hace feliz y que la comida la conecta profundamente con sus linajes y tradiciones. Le encanta que sea la comida la que nos reúne en familia en la mesa.

Cuando le pregunté a Mayita, ¿tienes alguna comida que sea muy especial para ti? me dijo con mucha emoción “me encantan las pupusas, los tamales, los pastelitos y las quesadillas salvadoreñas” y luego continuó, “me encantan especialmente las pupusas que hace en casa mi mamá Ruth porque sabe que soy vegetariana y por eso las hace sin carne para mí”. Asimismo, ella expresó alegría de que su tía Erika (¡yo!) le haya introducido a la receta de quesadillas salvadoreñas, un postre tradicional que mama solía preparar en su horno artesanal durante casi todas nuestras festividades, cumpleaños y simplemente para apapacharnos.

Después, Mayita dijo que también honra los alimentos de sus tradiciones chinas. Ella se emocionó al compartir que el proceso para hacer dumplings y pastelitos, aunque la masa es diferente, para esta última es harina de maíz, el proceso para hacerlos es similar. Su cara sonriente lo decía todo, el fuego de la cocina apapacha su cuerpo y su espíritu.  Así pues, hizo una pausa por un momento. Maya me miró y dijo: También “estoy agradecida por mi mama Ángel y su familia quienes vinieron de China”. En general, Mayita afirmó: “son esos momentos en los que la familia se junta cuando la comida sabe más deliciosa, y las risas, momentos divertidos de cocinar juntas, para mí es a través de ese tiempo que aprendo más de dónde vienen mis antepasados, cómo honrarles, respetarles y a sus tradiciones”.

Quesadillas salvadoreñas horneadas por mama Marcela.

Durante mi reciente visita a mi hermana Ruth y su familia, sentimos la necesidad de atender también el fuego colectivo de la cocina. Entonces, nos comunicamos con Melisa, una amiga nuestra que también es de El Salvador y que ahora vive con su familia en Vermont. Hicimos un viaje improvisado para visitarles. Nos inspiró aprender sobre Ananda Gardens, un huerto familiar a pequeña escala, ubicada a 10 minutos del centro de Montpelier. Esta fue una visita sagrada, en la que Maya pudo hacer nuevas amistades, aprender sobre el sagrado y complejo proceso de cultivar alimentos, ver algunas gallinas y observar a su tía Erika saltar de miedo cuando un gusano la tomó por sorpresa y le dijo “¡hola, hola!”, mientras bebíamos cacao caliente con la familia en su patio. Melisa nos dio la bienvenida para moler el maíz mientras nos reconectamos con nuestra tradición de preparar la masa de maíz para hacer tortillas. Estar lejos de nuestro terruño hace este proceso más complejo y a la vez especial. A este proceso nuestros antepasados lo llaman “nixtamalizar” —nixtamal es una palabra que proviene de las tradiciones Mayas en Mesoamérica. Este momento fue poderoso para nosotras que llevamos mucho tiempo alejadas del Pulgarcito y sus tradiciones, ¡tocar el molino fue un momento sagrado!

Melisa y Erika moliendo el Nixtamal.

Después de caminar por las hortalizas y viveros, de preguntar con mucha curiosidad a Melisa y Patrick sobre su trabajo, las alegrías y los desafíos de cultivar alimentos para proporcionar a pequeña escala a su comunidad de Montpelier, todes nos dirigimos a atender el fuego de la cocina. Ahí torteamos, comimos las tortillas recién hechas con sopa de frijoles, arroz, salsa, crema de semilla de marañón, y terminamos nuestra hermosa visita sentados alrededor de la fogata en su patio, contando historias de cómo las respectivas parejas se han conocido y continúan cuidando a sus familias mientras continúan recuperando sus tradiciones y ¡honrando hogares arraigados en el amor y las prácticas que les brindan vida y alegría!

En enero de 2021 estaré facilitando la versión en español del Programa Reclamando Hogar Ancestral, un curso en línea de capacitación grupal de 8 semanas. Puedes unirte a mi lista de correo electrónico AQUÍ para recibir más información sobre el proceso de inscripción muy pronto.

¿Cómo atienden ustedes el fuego de su cocina dentro de la privacidad de sus hogares?

¿Cuáles son los alimentos tradicionales de sus linajes que les arraigan en amor incondicional?

¿Cómo están reclamando su hogar ancestral a través de la comida casera aquí y ahora?



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