Moviéndome al Ritmo de los Latidos de mi Corazón

Imágen cortesía de Zimi Heb

A los siete años le dije a mi madre que quería ser una danzante profesional. Mi visión era de convertirme en una artista profesional de danza contemporánea. A pesar de que mama era bien ingeniosa, nos hacía falta dinero. En mi mente súper imaginativa yo pensé que el dinero no era necesario para alcanzar ese sueño. A pesar de que no había una escuela profesional de danza a la cual inscribirme en mi municipio allá en El Salvador, a esa edad gané un concurso entre la niñez de mi barrio. Nuestras fiestas tradicionales de fin de año siempre incluían los bailes al son de la música trova, cumbia, salsa y samba.  El patio de nuestro hogar era nuestra pista de baile y la luz del cielo era nuestra chispa de esperanza la cual por un instante me hacía sentir poderosa.

Eso sí, la razón por la cual me encanta danzar nunca ha sido para competir y ganar, más bien es un ritual para juntarnos colectivamente en alegría y risas – fue mi ritual espiritual.

Durante mi adolescencia, tuve la oportunidad de participar en unas capacitaciones grupales de danza folclórica dirigidas por artistas profesionales, tuve la oportunidad de tener como maestro a mi hermano Tito y más facilitadores quienes llegaban desde San Salvador, la capital. Nuestro grupo ensayaba dos veces por semana, a menos que tuviéramos un espectáculo, ensayábamos más veces. Se formaron dos grupos porque un alto porcentaje de la juventud estaba interesada en dichos talleres. Tuvimos la oportunidad de presentarnos en las fiestas patronales de varios pueblos. Recuerdo que, en cierta ocasión, incluso nos dieron remuneración por presentarnos en un festival artístico en la capital. Dichos honorarios incluyeron el transporte, comida y un pequeño recorrido en el centro de la ciudad. Para nuestros grupos ese viaje fue una puerta hacia muchas posibilidades. Con práctica y trabajo en equipo desarrollamos las habilidades para sentirnos cómodas en frente de diferentes audiencias. La verdad yo disfrutaba vestir trajes de danza coloridos y encarnar mi persona artística. ¡Hay aquellos tiempos tan bonitos!

Durante mi infancia, mi placer por la música estaba enraizado en el hecho de que, con cada ritmo, mi cuerpo respondía con un vaivén. Se sentía como si el viento danzaba conmigo, mi cuerpo se transformaba en una masa flotante que entraba en estado de trance, conexión pura del alma, cuerpo, y mente siendo una con la Pachamama.

¡Qué deliciosa es la música!

La música siempre me trajo mucha felicidad porque era un ritual colectivo que compartía con mi familia durante nuestras reuniones y bailes comunitarios. Aún recuerdo cómo mi cuerpo se transformaba con cada ritmo y también notaba la forma en cómo cada persona respondía corporalmente cuando sonaba alguna canción especial.

La danza colectiva es un ritual sanador.

Imágen cortesía de Zimi Heb

Danzar cumbia y salsa siempre ha tenido un profundo significado en mi vida. Mucho más que simplemente bailar, es una conexión espiritual con mis raíces ancestrales. Los ritmos representan una creatividad radical híbrida cultural – una conexión de ritmos y sonidos de resistencia, gratitud, amor y visión.  La percusión, los sonidos folclóricos heredados por mis tradiciones Indígenas y Afro-caribeñas a través de la creación musical con varios instrumentos son prácticas que, con el tiempo, entre generaciones las comunidades han ido adaptando en Centro América, Latino América y el Caribe.  Yo no soy una danzante “profesional” ya que formalmente no tomé clases.  

Yo soy una danzante espiritual.

Los movimientos corporales siempre han sido una parte esencial de mi espíritu. Soy una viajante y en cada nueva comunidad a la que visitó, existe música que me invita a mi espíritu a moverse, a liberarse. Recuerdo la primera vez que estuve entre un grupo de ochenta jóvenes en una comunidad Garífuna en Honduras. La juventud tocaba distintos instrumentos de percusión en un círculo colectivo; este lugar es donde aprendí a bailar punta. Yo estaba impresionada por las vibraciones que sentía en mi corazón con cada ritmo. Un llamado espiritual a conectar con mis raíces. Una combinación de bongo, conga, timbales, cajón, marimba, guitarra, y muchos más instrumentos. Este fue un proceso de sanación colectiva espiritual radical. ¡Bailemos!

Imágen cortesía de Zimi Heb

Esa tierra me hace sentir espiritualmente feliz y enraizada.

Frente a mí, una mar azul turquesa, un sol quemante en el cielo, una briza salada y fresca tocando mi piel, y mis pies descalzos sosteniendo mi cuerpo mientras guían a mis canillas, rodillas, piernas, caderas, y mi columna de Serpiente en una mezcla de movimientos lentos y rápidos.

Mi danza de agradecimiento en Batalla, Honduras.

Durante mi primer año en la universidad me uní a una escuela de danza profesional, pero en el primer día de capacitación, fui acosada por el director. Sus comentarios inapropiados sobre la anatomía de mi cuerpo fueron violentos, lo cual me presiono a nunca regresar a esa escuela. Agradezco que fui firme con mi límite. Un año después de que me gradué de la universidad me puse el reto de intentar de nuevo tomar algunas clases de danza. En mi alma seguía este profundo deseo de aprender a danzar hip hop pero durante mi visita a la escuela Humanum Tempore me enamoré con la forma de enseñanza empoderadora con la que la instructora de tribal fusión juntaba al cohort como un equipo.

Bien, cada vez que pienso sobre movimiento, lo hago con un propósito profundo. La experiencia de usar mi fuego interior para canalizar mi creatividad mientras muevo mis pies al compás de los sonidos, chascando con mis dedos, tamborilear sobre mi escritorio, tamborilear en mis piernas, danzar mientras voy en el bus. Esta es mi receta para abrazar los movimientos: Agarre una cubeta vacía mientras la sostiene con sus piernas, luego use sus manos para crear sonidos de percusión. Ese es el primer paso para conectar con los latidos de su corazon y sentir profundas vibraciones a través de sus venas. Ustedes son bienvenidas a escuchar la música de la vida mientras late con su alma. Solo abracen el movimiento como esencia natural de nuestra humanidad y su conexión ancestral.

En mi búsqueda sanadora, en mi proceso para Reclamar Hogar tuve la oportunidad de compartir espacio creativo con Zimi Heb. Este es un colectivo creativo y en constante evolución. Se identifican con diversas culturas y al mismo tiempo no pertenecemos a ninguna. En El Salvador un país con pocas oportunidades y recursos para crear, Zimi Heb ha logrado hacer creaciones donde han mezclado y reutilizado su historia, la de su familia, su raíces, las nuevas tecnologías, el aprendizaje nuevo. Son un grupo flexible y sus creaciones surgen de un balance entre la música, la danza, la poesía, el film-experimental con o sin la participación del equipo. Zimi Heb se caracterizan por la improvisación y les limita el tiempo. No pertenecen a ningún estilo sino que al suyo que es el resultado de una fusión.

Imágen cortesía de Zimi Heb

Con Zimi Heb celebramos este concierto dedicado a la época lluviosa, las cigarras, y la intensidad de la vida y la relatividad del tiempo. Un año después creamos este concierto como espacio para abrazar las migraciones como parte de la impermanencia y los movimientos globalmente.

Cada cultura tiene conexión con rituales de danza y música enraizados en nuestra relación con la Madre Tierra. ¡Hay que fluir con ella!

Desde que llegué a Michigami, ha sido para mi bien importante mantener esa conexión con la música y el movimiento, especialmente durante la temporada de invierno. Honestamente, extraño danzar en el patio del hogar de mama, donde crecí, pero he aprendido adaptar mi danza a una celebración dentro de casa. Esta primavera, durante la cuarentena, yo toco la lista con música con diversidad de artistas incluyendo a Totó la Momposina, Lila Downs, Anita Tijoux, Orishas, and Ibeyi. La lista es interminable. En la sala de este apartamento, frente al altar creado para celebrar la humanidad, yo abrazo mi danza como poesía sanadora. Danzar y crear música colectiva es una herramienta principal para el cambio.

Imágen cortesía de Zimi Heb

¡Dancemos y sanemos en comunidad!

¿Cuáles son los rituales de danza que les permiten sentir conexión espiritual interior y con sus colectividades?

¿Cuáles son las historias de sobrevivencia, resistencia, y amor que han aprendido a través de la música poética en sus linajes?

Email: sanadora.nomadicspirit@gmail.com


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Conexiones: Remedios Caseros durante la Cuarentena

Una de las enseñanzas más grandes que la pandemia global me ha enseñado hasta ahora, es que mientras estoy encerrada [por más de siete semanas], existen formas intencionales de vivir, compartir espacio, conectar con mis familias [biológicas y por elección] y colectividades tanto cerca como lejos. La sensación de “atascamiento” es dolorosa.

Aprender el hecho de como estar en mi propio cuerpo sigue siendo desafiante porque siempre siento una enorme responsabilidad de apoyar a comunidades que están marginalizadas, las cuales han sido impactadas por sistemas hegemónicos de terror e injusticias. En mi cuerpo siento el dolor, siento la pérdida, siento duelo y la necesidad de lamentar la muerte.

Como una ser humana altamente sensible, una de mis fortalezas es la conexión. Esta es la principal fuente de mi resiliencia. Para sobrevivir y en-visionar un mejor mundo yo necesito conectar con la resiliencia de estar en movimiento. Zapatistas en México declaran esto en la Primera Declaración De La Selva Lacandona, su invitación a coexistir: es una herramienta poderosa para re-imaginar un mundo utópico donde JUSTICIA y ABOLICIÓN son una realidad.

Así que, estar en mi cuerpo y escuchar con mente plena sigue siendo desafiante porque tengo este profundo deseo de estar al frente, apoyando. Estoy aprendiendo que en la tranquilidad hay poder. Como Sanadora, estoy aprendiendo que está bien restaurar mi bienestar ahora. En el pasado, estar al frente significó organizar jóvenes dentro de comunidades rurales para apoyar a cocinar y llevar comida a las familias más afectadas por las inundaciones a causa de tormentas tropicales, terremotos que destruyeron sus hogares en el sur de El Salvador, en el Bajo Lempa. O significó ir a facilitar conversaciones complejas, honestas sobre cómo sería la colaboración entre jóvenes líderes locales trabajando por sus comunidades en la República Dominicana y estudiantes estadounidenses buscando formas de apoyar dichas iniciativas locales. Existe poder en las variadas formas de organizar. Existe poder en poner a las comunidades y su conocimiento ancestral al centro. Existe poder en la solidaridad. Existe poder en la humildad cultural.

También, existe poder en tener un don altamente intuitivo de saber que todo es parte de la Pachamama y que nosotras pertenecemos a esta familia de vida expansiva. Desde la mariquita en la milpa de mi amiga en Nicaragua a las tormentas en Michigan, a los hongos creciendo en la Selva Negra en el Sur de Alemania, a los fertilizantes químicos con los que riegan las plantaciones de guineo en el norte de Colombia, a miles de migrantes quienes huyen de la violencia sistémica histórica en su tierra de origen para cruzar fronteras impuestas y así puedan soñar futuros robados en la intersección del racismo, sexismo, y violencia que induce miedo en las tierras de llegada, a la migración de las manadas de elefantes en el continente Africano.

Por tanto, la coexistencia es necesaria para la sobrevivencia mientras nos adaptamos a los nuevos cambios en el universo. Quizá, es tiempo de desafiar y de-construir formas obsoletas de relacionarnos al dinero, tiempo, poder tóxico, y libertad así nos dignamos recorrer nuestros caminos. Somos seres capaces de adaptación y estamos siendo urgidos a sanar con la Pachamama. En estas últimas siete semanas, yo me he movido desde la resistencia a la quietud.

Mama y mamita, mis primeras Maestras solían decir, “hay que sufrir con paciencia”.

En general, yo prefiero estar en comunidad mientras compartimos espacio físico, lo cual hace más difícil mi aceptación de pasar completamente a convivir en espacios virtuales. Pero no me malinterpreten – Yo me preocupo y me interesa el bienestar colectivo. Sin embargo, en esta situación, me he sentido atascada como si la posibilidad del peligro me asustaba al punto de que he sentido una enorme ansiedad mientras hacía contacto visual con cualquier persona en los supermercados. Yo veo y siento su miedo. Veo el miedo en el alma de las personas. Existe una sensación de agobio colectiva generalizada, y en ello existe oportunidad para encontrar formas para ir más despacio.

Demasiado tiempo en frente de una computadora, cargando un teléfono celular, usando audífonos, enviando textos, enviando correos electrónicos, y desplazándome a través de las redes sociales es agotador para mí – en particular si no tomo descansos. Así que me siento orgullosa de que borré la aplicación de Instagram [temporalmente] de mi teléfono hoy.

Estar sentada por largo tiempo solo exacerba mi dolor crónico fisiológico. Estoy tensando más y más mi panza, glúteos, los tendones de mis piernas, el cuello, los hombros, columna y a mandíbula. Presionar por demasiado tiempo sin soltar o liberar es doloroso y contraproducente. Necesito dar un paso hacia atrás. Si ustedes han vivido con dolor crónico, por favor escuchen a su cuerpo. He nombrado este límite como, ‘tomar agencia en la liberación del dolor mi ser a cualquier costo posible’.

Mi cuerpo espiritual y emocional se está comunicando conmigo a través de este cuerpo fisiológico. Yo necesito escuchar respetuosamente. Es muy importante reconocer las fuentes de este dolor. ¿Es que mi bienestar se siente amenazado nuevamente? ¿Es que puedo sentir tanta empatía por las experiencias e historias de las personas con las que estoy interactuando virtualmente? ¿Es que tengo el corazón roto? ¿De dónde viene la fuente de este dolor específico? ¿Se relaciona simplemente con la falta de humedad en este extraño clima invernal seco y frío?

Todas mis preguntas y reflexiones me hicieron darme cuenta de algunos límites con y dentro de la conexión virtual, lo que me permitió tomar medidas para el cambio.

¿De qué me he dado cuenta?

  • Extraño compartir espacio físico con familiares y colectivos quienes se encuentran cerca y lejos [especialmente abrazos, que son un remedio cultural].
  • Estoy experimentando pérdida y dolor y esto me hace sentir muy triste.
  • No puedo estar frente a las pantallas todo el tiempo porque esta práctica tóxica me sobre estimula y arruina mi ciclo de sueño.
  • Los conflictos surgen especialmente cuando sentimos que no tenemos control relacionado con la incertidumbre.
  • La comunicación honesta, respetuosa y flexible es necesaria para coexistir.

¿Qué puedo controlar ahora? ¿Qué he cambiado hasta ahora?

  • Programar tiempo intencional para hablar y profundizar la conexión con la familia y los colectivos.
  • Facilitar talleres colaborativos y cortos mientras compartimos rituales para aumentar la alegría y reducir el estrés como parte de mis ofrendas.
  • Participar en seminarios virtuales los cuales me hacen sentir conectada con los movimientos de liberación Indígenas y Negras a nivel mundial.
  • Mantenerme alejada de las pantallas, principalmente plataformas de redes sociales, medios de comunicación y demasiada televisión.
  • Notando estar presente en mi cuerpo energético, ya que estas prácticas me permiten tener espacio para restaurar mi bienestar mientras trabajo en mis visiones.
    • El dolor somático y fisiológico se puede conectar directamente con el dolor emocional de traumas pasados, traumas secundarios, las preocupaciones de incertidumbre y la amenaza percibida de peligro en mi cuerpo.
    • Estando en mi totalidad y aceptando lo que es ahora, sigo usando humildemente la medicina ancestral y los remedios caseros disponibles aquí:
      • Siestas.
      • Masajes en las piernas, pantorrillas y plantas de los pies con aceites esenciales.
    • Escribir cotidianamente y conectar con la escritura creativa
    • Cocinar más ensaladas y verduras.
      • Comer a la hora.
    • Leyendo y aprendiendo las formas en que mis ancestras sobrevivieron durante sus tiempos caóticos.
    • Prácticas de yoga en casa.

¿Cuáles son las formas expansivas de expresar gratitud diariamente?

  • A su manera, la Madre Tierra sigue diciéndonos que necesitamos cambiar. Soy su hija humilde y agradecida de que ella me cuide a diario. Estoy agradecida de estar viva.
  • Trabajadores inmigrantes, cuidadores, trabajadores indocumentados, agricultores globales, guardias de seguridad, trabajadores sociales, personal de enfermería y partería, conductores de transporte público, sanadores somáticos, organizadores comunitarios y curanderas, camioneros, limpiadores, trabajadores de servicios de alimentos, trabajadores de supermercados, repartidores, carteros, etc. son siempre trabajadores esenciales. Estoy asombrada de su presencia en mi vida. Estoy agradecida de que, debido a sus hermosas manos curativas, todavía puedo comer.
  • Estoy agradecida de que mis familias tengan acceso a alimentos y refugio por ahora.
  • Estoy agradecida de que mi cuerpo me siga hablando de diferentes maneras.
  • Estoy agradecida por How to Survive the End of the World, un podcast creado por adrienne maree brown y Autumn Brown.
  • Estoy agradecida por mis plantitas, las cuales me recuerdan diariamente que, con un tantito de agua, ellas continuarán creciendo.
  • Estoy agradecida por nuestra resiliencia colectiva y por el recordatorio de que haber nacido en el caos me ha enseñado muchas lecciones.
  • Estoy agradecida por los recursos gratuitos disponibles en el sitio web https://self-compassion.org desarrollado por Dr. Kristin Neff por su investigación en Mindfulness.

¿Cómo están ustedes, cerca y lejos, cuidando de su cuerpo energético mientras apoyan a sus colectivos?

¿Cuáles son las prácticas ancestrales pasadas y presentes que les facilitan sentirte más conectado desde dentro?

Email: sanadora.nomadicspirit@gmail.com


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